domingo, 17 de junio de 2012

Viaje al III Encuentro Nacional de amigos del Foro Royal Enfield.

Y digo del viaje porque no es del encuentro propiamente dicho, aunque algo cuento. Os aviso de que os espera una crónica larga, de modo que seguramente tendréis que leerla por episodios, pero prefiero ponerla entera a ir publicando partes, de modo que a vuestro aire.

El III Encuentro Nacional de Amigos del Foro Royal Enfield España ya es historia. Los pocos que hemos tenido la suerte de estar allí disfrutamos ahora con los recuerdos de los buenos momentos que hemos vivido desde que salimos de casa hasta que hemos vuelto. Y hemos vuelto todos sin más problemas que los puramente anecdóticos. Bien por todos.

Llevaba yo bastante tiempo dándole vueltas a cómo iba a ser este viaje aprovechando que mis vacaciones giraban alrededor de las fechas del encuentro. Estaba siendo ambicioso en mis pretensiones, aunque ya se encargarían los hijos de puta de siempre de joderme los planes, pero eso es otra historia. Los recortes nos joden a los de siempre y por tanto mi viaje también vería reducida su talla. Los planes eran subir a Benicassim en tres días y volver a Sevilla dando la vuelta a la península, aunque después lo dejé en volver en otros tres días aproximadamente. Pero pocos días antes recibo una llamada con una proposición que por sus réditos no convenía rechazar.


Consistía la propuesta en subir Diego, Ángel, Eva y yo en coche con un carro en el que irían las motos de Diego, Bruno (que estaba en Sevilla para una puesta a punto) y la mía. Esto suponía un importante ahorro de tiempo y dinero además de garantizar la asistencia de otros dos importantes sevillanos que no se entendería que no acudiesen a la cita.

No lo pienso mucho y decido aceptar, merece la pena ir bien acompañado.

Y ahora os lo cuento todo, o no, casi todo, porque no me voy a entretener mucho en los días del encuentro. Ya quedó claro que no soy el cronista oficial, ¿verdad Menaza?  ;-) Además ya he visto algunas fotos por ahí.

Dia 0. Miércoles 6 de junio:

Hemos quedado a última hora de la tarde, cuando Diego llegue desde Cádiz, para dejar las motos cargadas en el carro y no perder tiempo a la mañana siguiente.

A eso de las ocho de la tarde suena el teléfono: Por asuntos personales, se descuelga Diego. Una pena. Lo primero que pienso es que de nuevo me quedo solo y que además tendré que ir al encuentro en un solo día. Por suerte Eva y Doc se han hecho a la idea de subir y seguimos adelante con lo previsto.

Cargamos las motos, llenamos el depósito de la furgoneta y lo dejamos todo listo antes de irnos a tomar unas tapas y charlar sobre lo que nos espera.

Quedamos a las ocho de la mañana del jueves para salir rumbo a Castellón.



Día 1. Jueves 7 de junio:

Problemillas de última hora nos hacen retrasarnos una hora, de modo que a eso de las 9 de la mañana aparece la furgoneta de Al Andalus Choppers con La Habanera en su interior y con Parsi en el remolque. Una inquietante visión.



Evidentemente el viaje lo haremos por autovía en su totalidad. Un viaje nada aburrido gracias a la compañía. Yo, que no estoy acostumbrado a ver mi moto en un remolque sufro con cada bache que pasamos y no dejo de vigilar a Parsi disimuladamente.



Junto a mí, hombro con hombro, en la parte trasera de la furgo, viaja La Habanera, que parece añorar el contacto con el asfalto mientras mira por la ventana.




Estaba previsto llegar en unas ocho horas y pararíamos aproximadamente cada dos para estirar las piernas e ir tomando algo. La primera parada sería para desayunar a eso de las 11:30 de la mañana y la siguiente para comer un par de horas después aprovechando una parada para repostar. La comida iba a ser una impresionante (¿cómo no?) tortilla de patatas made by Eva que duró lo que tarda Jónico en apuntarse a un bombardeo. Sencillamente exquisita.




Una parada más para merendar unas galletas con agua fresca y tramo final hasta Vila-real donde habíamos quedado con Juan y a donde llegaríamos a las 18:30.



Yo no espero y descargamos a Parsi para seguir mi camino hasta Cabanes que sería mi cuartel en los próximos días gracias a la hospitalidad de Aurora. Eva y Ángel se irían a Oropesa, donde estaría su alojamiento.

Más tarde quedamos todos (que de momento éramos los únicos que habíamos llegado a estos lares) en casa de los padres de Lourdes y Juan, que nos esperaban para cenar junto al resto de la familia. Allí conoceríamos también a Rafa, Sari y su hija. Como siempre nos sentimos como en nuestra propia casa y cenamos a las mil maravillas. Sin palabras. Y nosotros pronto a casita que mañana hay más.

Día 2. Viernes 8 de junio.

El plan para hoy era almorzar en Sant Mateu. Y como a la hora en la que se supone que tenían que avisarme de la salida hacia Cabanes no sonaba el teléfono decido salir a desayunar y curvear al encuentro del resto de la peña en Marina d’Or. Desde allí de nuevo al Desierto de las Palmas entre curvas para ir ahora sí a Sant Mateu.




Nos tomamos algo allí antes de salir en dirección al maset de Carmen donde también nos esperaban impacientes para comer.




Esta mañana rodarían dos Royal Enfield, una BMW y una Triumph. Nada mal para empezar el encuentro.



Y a comer de ha dicho. Nos tenían preparadas viandas varias entre las que recuerdo especialmente unas cortezas de limón (sólo la parte blanca) con aceite y pimentón que estaban curiosamente muy buenas y la mejor paella a la leña que recuerdo haber comido. Cuatro carnes, verduras, unas alcachofas de escándalo, el arroz en su punto, un socarrat de muerte, judiones… Mmmmm… Dios existe.




No hay como Castellón para comer un buen arroz. No sé qué demonios hacen por aquí con los arroces pero nunca dejéis de buscar un sitio de confianza para comerlos. Inmejorable.

Y claro, después pasa lo que pasa. Tanta comida hay que ponerla en su sitio con tacto y cariño.



Después tarta de almendras casera, helados caseros, limonada casera… Todo a la altura de la paella… ¡Gracias!

A todo esto los madrileños ya estaban llegando a Benicassim.

Y como siempre nos dan las uvas. Yo me voy antes, que tengo que hacer más kilómetros, para descansar un poco y adecentarme para la cena.

Esperado reencuentro con los ya conocidos y presentaciones en persona entre los que sólo nos conocíamos virtualmente. Mis barbas siguen en su sitio, ni David ni yo estábamos por la dolorosa labor que teníamos pendiente. Entre aperitivos nos dio tiempo a hacer proyectos de lo más interesantes. Ya veremos. Hasta las once no estábamos en disposición de cenar. Bocatas por un tubo, nada del otro mundo, pero una cena amena conociendo a los elementos madrileños, que vaya elementos. Regalitos desde Mazarías incluidos.

Y a dormir ya a las tantas.

Día 3. Sábado 9 de junio.

A las 10:30 estoy listo para la salida de hoy, y no tarda mucho Bruno en avisarme de que están arrancando motores, de modo que nos vamos a la carretera a esperar al grupo al que ya se han sumado esta mañana los catalanes y alguno más. Nos sentamos en un cruce y a esperar…



Esperar…



Esperar…



Más de hora y media esperando mientras esta panda de cabrones se paseaba por la costa parando en todos los miradores y sin avisar del retraso. Cuando yo llamo están echando gasolina un rato antes de llegar al punto de encuentro. 

Sin parar al grupo me sumo a él justo por delante de Juan y el coche escoba.

Y sí, por fin estábamos todos. A la cabeza va Rafa, que está conectado por Bluetooth con Bruno en el centro del grupo y con Juan a la cola justo delante del coche donde iban Lourdes y sus padres. Esto es organización. Una auténtica gozada rodar en grupo. Como cuenta Choni (junto al que rodé la mayor parte del tiempo a ver si se me pagaba algo de su reconocida guapura chicagüeña) es un gustazo ir al final del grupo viendo cómo evoluciona entre las curvas. La ruta es fácil y divertida y el grupo rueda sin romperse en casi todo el tiempo, y digo casi porque sólo lo hace cuando yo me adelanto para hacer algunas fotos.




Paramos a tomar algo y a charlar un rato en un mesón en Cervera del Maestre donde por primera vez puedo observar en persona todas esas motos que ya tenía vistas del foro. Es raro poder disfrutarlas en vivo. Se nota que estos tipos quieren a sus motos.

Y llegamos a Peñíscola justo a tiempo para ir paseando hasta casa Lucio donde ya no ondeaba la bandera pirata. El futbol todo lo puede.



Decidimos perdonarle la vida a cambio de unos vermús. Nos acomodamos y damos buena cuenta de los aperitivos sin entretenernos demasiado. Ya nos esperaban en el restaurante.






Comida al borde del mar rodeado de buenos amigos, ¿qué más se puede pedir? Pues navajas, mejillones, gambas, paella, fideua, vinos…



Y tras la comida vino la entrega de diplomas y el brindis con cava.


















Pues bien, tras esto nos vamos de visita al castillo del Papa Luna con guía incluida (Encantadora Ana). Estos Templarios sabían lo que se hacían. Siempre es un gustazo aprender aunque algunos nos distrajésemos con facilidad. 




Que por cierto, Angelito y yo nos compramos lo último en armamento para defender la peregrinación de los royaleros hasta el hotel. Qué tirachinas más güeno, niño.

Nos damos después un paseo por el pueblo, curioseamos en algunas tiendas, y con claros síntomas de cansancio nos tomamos la última en una terraza muy animada en pleno centro.

Suspirando por Ana volvemos ya de noche por la N-340 y los que nos separamos nos despedimos.

Día 4. Domingo 10 de junio.

Cada cual tira para su casa por distintas rutas, unos con más prisa y otros dando algún rodeo para aprovechar la ocasión de rodar con los amigos. Este que os escribe decide descansar, porque sabía que le iba a hacer buena falta.

Me levanto todo lo tarde que puedo, me doy un baño caliente de esos que lo curan todo, y nos vamos a comer a un sitio conocido y al que siempre merece la pena volver: La Casa Encesa, en un lugar privilegiado de Oropesa de Mar. No decepciona. Provolone con anchoas, escalibada con ventresca de atún, chipirones con manzana, bacalao con salsa de hongos y cerveza suficiente para echarlo todo para abajo. Para terminar no me acuerdo del postre pero era algo así como un bizcocho con helado.





Ea, a hacer la digestión. Y para eso un paseo por la playa de Oropesa con mojito incluido, y subida al mirador.



Y ya de vuelta a Cabanes hacemos un pequeño desvío hacia el santuario de Les Santes. Un lugar de peregrinación para los habitantes de la zona enclavado en un lugar de ensueño.




Y ya en casa aprovechamos para lavar la ropa que me hará falta los próximos días después de hacer una visita relámpago a Vall d’Alba. Cena ligerita y al catre.

Día 5. Lunes 11 de Junio.

Este día lo dedicaría a planificar, con la inestimable ayuda de Bruno, Rafa y especialmente Juan, la ruta que dividida en cuatro etapas me devolvería a Sevilla. Una mañana de mapas, cálculos, llamadas y decisiones. Tenía dos opciones: Una era ésta que os acabo de apuntar viajando en solitario y sin ninguna prisa absolutamente abierta a la improvisación, y la otra era quedarme en Oropesa hasta el sábado 16 y volver en un par de días acompañando a Rafa, Juan y Bruno en la su ruta a Granada que en parte coincidiría con la mía. El caso es que después de hablar un buen rato con Juan, que de rutas vive, le hago caso en casi todo lo que me sugiere en caso de que salga el martes de viaje por mi cuenta. La cosa promete. Me decido por la primera opción.

Comemos en casa y tras una siestecita nos vamos de paseo a la cercana localidad de Vilafamés. Todo un descubrimiento. Un sitio precioso para pasear y tomar una cervecita por la tarde.








El final de la tarde y parte de la noche las paso anotando una suerte de road book improvisado que me guiará en los próximos días por las carreteras más alucinantes que he visto en mucho tiempo.

Última noche en Cabanes.

Día 6. Martes 12 de junio.

Este es el día en el que dejo las tierras castellonenses y la hospitalidad de sus gentes, y como cada despedida tiene ese punto de contradicción entre dejar atrás a gente con la que quieres pasar más tiempo y las ganas de vivir nuevas aventuras. Así es la vida.

A partir de ahora nada de lo que os pueda contar sobre las carreteras o paisajes hará justicia a la realidad. Casi siempre iré por carreteras de montaña o secundarias con escaso tráfico y no siempre en el buen estado que nos gustaría. Parar para hacer fotos es, por evidentes cuestiones de seguridad, misión imposible en la mayoría de los casos que merecería la pena, y cuando puedes parar las fotos no pueden trasladaros en este pequeño formato todo lo que puede sentirse in situ. De todas formas os pondré enlaces a algunas panorámicas que he hecho en alta definición.

Sobre el papel la ruta de hoy es de 335 km en casi seis horas, de modo que ya os podéis hacer una idea del tipo de carreteras que me esperan. Esta ruta discurrirá entre las provincias de Castellón, Teruel, Valencia, Albacete, y Alicante.

Salgo de Cabanes a eso de las 9:30 en busca del Camino del Cid, que recorreré en los primeros compases del día por las carreteras CV-165 y CV-190 entre las sierras de Montordi, Ferriz y del Espadán.

Arco romano de Cabanes.


Ya desde el principio la carretera es muy curveada y hay que estar atento a cada curva. Pero por lo general el asfalto está en buen estado y es cómodo y divertido conducir por aquí. Me cruzo con el primer motero y me alegra ver que no perdemos las buenas costumbres.



A primeras horas de la mañana me acompañan el viento y el frio, pero nada excesivo.

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Voy parando siempre que puedo a hacer algunas fotos.



Y me salgo de la carretera por algún camino para ver alguna ermita sin perder demasiado tiempo.



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Paro en Cortes de Arenoso a descansar y tomar un refresco a eso de las 12:30.



Al retomar la ruta tras el descanso la carretera tiene zonas en obras no demasiado bien señalizadas. Y es en esta parte entre Cortes de Arenoso y Rubielos donde en plena curva lenta de derechas y sin visibilidad me encuentro de golpe un parche lleno de gravilla que no puedo evitar y me da un buen susto al pisarlo. La rueda delantera decide ir por su cuenta y casi me tira al suelo de no ser porque en un acto reflejo doy un pisotón en el suelo al más puro estilo del enduro y consigo devolver la moto a la vertical. Eso sí, el zapatazo me lanza la pierna hacia atrás y me tiene un buen rato bastante molesto. Me adentro en las Sierras de Javalambre.

Este será el susto que me hará extremar las precauciones en adelante y obsesionarme con la rueda delantera durante el resto del viaje. Después de esto conduzco mucho más lento y algo asustado durante un buen puñado de kilómetros. En una curva muy lenta y cerrada me cruzo con un motero en una chopper que en vez de saludar con la mano me saluda con un sonoro “¡Hey!”.

Fuentes de Rubielos.

Afortunadamente el asfalto y el trazado mejora sobremanera y vuelvo a recuperar la confianza poco a poco. Además el paisaje, al meternos en la A-1514, se vuelve más verde y te vas encontrando magníficas estampas detrás de cada curva. 



Torrijas.

Ya a las tres de la tarde y con bastante más calor paro en Titaguas y tras buscar un lugar donde comer, no creáis que es fácil en estos pueblos, me tomo una sopa de fideos y unos calamares con bebida pan y postre por menos de 5€. Nada del otro mundo pero reconfortante y barato, ¿que no?

Un poco más adelante me encuentro con un espectáculo dantesco. Junto al embalse de Benagéber el bosque se vuelve negro y el olor a quemado se te mete hasta las entrañas.



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Tras kilómetros de cenizas vuelvo a recuperar el aliento con el olor a pino ya por la sierra de Utiel.



Pasamos la Sierra Martés y ya desde lo lejos y por carreteras más rápidas se puede ver la central nuclear de Cofrentes.




Ya a buen ritmo pasamos Ayora.



Y a eso de las 6:30 llego a Almansa, que era el lugar en el que en principio iba a pernoctar. El caso es que ésta es una ciudad grande y ruidosa en la que no me apetece quedarme y opto por un alojamiento que Aurora había visto por internet a unos 30 kilómetros en dirección a Valencia.



A eso de las siete llego a Moixent y busco una antigua bodega rodeada de huertos y viñedos reconvertida en alojamiento rural a muy buen precio. Después de dar alguna que otra vuelta entre campos en los que la gente del lugar se dedica estos días a recolectar el albaricoque doy con el sitio. Tranquilidad asegurada.

El caso es que aparco en la puerta y veo que todo está cerrado. Llamo por teléfono y hay alguien en la bodega que sale y me recibe. Como llego sin avisar ni reservar y no hay ningún huésped me encuentro que están aprovechando para reordenar el lugar, pero me acogen de buen grado y muy amablemente.


Vistas desde mi ventana.

Durante todos estos días el espejo izquierdo de la moto ha estado dando por culo y había que estar poniéndolo en su posición correcta constantemente, pero hoy se ha aflojado mucho y al manipularlo se ha quedado colgando, de modo que se lo comento a Nestor, que se llama el dueño del alojamiento, para que me diga si tiene algún pegamento fuerte o dónde puedo comprarlo. Me dice que hay una ferretería en la plaza del pueblo pero que justo al lado su hijo tiene un taller y quizás me pueda echar una mano, de modo que llama a su hijo, y como no lo localiza dejo las cosas en mi habitación y me voy al pueblo a comprar algo que me haga el apaño. Compruebo que el hijo de Nestor no está allí en el taller y saludo a su otro hijo, Pau, que está ayudando en unas reformas de una casa que también tienen en la plaza. Compro Nural 27 y lo pongo en el espejo. Mientras lo pongo aparece Nestor y me cuenta lo que ya me comentó el ferretero, que su hijo es mecánico del Team Aspar y que Pau es piloto del CEV. Ya había visto yo en la bodega alguna decoración relacionada con las motos y algunas cajas de marcas de ropa de moto.

Mientras se endurece el pegamento de soldadura en frio me voy a tomar una ensaladilla y un pincho con unas cervecitas en un bar en la misma plaza antes de volver a la bodega junto a Nestor, con quien sigo charlando sobre motos.

Me habla de Pau, que además de ser un tipo encantador, es uno de los mejores pilotos españoles del momento, pero por desgracia un reciente grave accidente le ha hecho pasarlo mal en esta y la anterior temporada. Pau Tortosa es el elemento en cuestión del que podéis encontrar toda la información que queráis en internet.

El caso es que este señor, Nestor, os suena seguro a todos los aficionados a las motos. ¿Os acordáis de aquel tipo con peluca que a finales de los 80 y los 90 saltaba a la pista y paraba a los pilotos para que encendiesen la traca? Pues ahí le tenéis, Nestor Tortosa, el Peluca. 

Pues nada, que después de esta agradable coincidencia y de una amena charla en la que puedo ver algunas de las fotos de Nestor, me voy a la ducha y después a la cama. El día ha sido largo y rodar siempre entre curvas te mantiene siempre tenso y cansa un poco.

Día 7. Miércoles 13 de junio.

Este día pretendo llegar a Cazorla también por carreteras de montaña. La etapa prevista consta de 309 km que se estima en aproximadamente el mismo tiempo que la etapa anterior. La duda hoy era si cruzar por la Sierra de Segura o por el contrario subir hasta la de Alcaráz y visitar el nacimiento del río Mundo. Todos me aconsejan la segunda opción, y aunque me quedo con las ganas de carreteras un poco más perdidas… merecerá la pena.

Nestor me prepara un energético desayuno y me lo tomo mientras charlamos sobre la ruta que viene. Lleva ya muchos años de caravana entre circuito y circuito y conoce bien la zona.

Tras un pequeño tramo de autovía hasta Almansa me desvío hacia la cercana Hellín, desde donde la carretera vuelve a ser de las que me gustan, curvas rápidas enlazadas por la CM-412 entre las sierras de los Donceles, Seca, el Cujón y el Agua hasta la localidad de Riópar, dónde de nuevo me desvío en dirección a Siles.



Pero antes de llegar allí, ya en la CM-3204, hacemos otro desvío para entrar en el Calar del Mundo.






Al llegar al lugar veo que hay que aparcar la moto y ponerse a andar eso de una hora para subir y volver del mismísimo nacimiento.  A pesar de que no me gusta la idea de dejar allí la moto con todo el equipaje a cuestas me voy preocupado con la chaqueta puesta y el casco a cuestas (¿os recuerda algo esto?). No llego a la zona más alta pero veo las cascadas, y las “calderetas” de abajo. Y tras hacer algunas malas fotos de un nacimiento que no merecería la pena ser visto de no ser por el entorno en el que está enclavado me vuelvo rápidamente rezando para que no me hayan robado, que por suerte fue que no.

Vuelta a la ruta ya a eso de las 13:30 con Hornos como próxima referencia. Desde Siles apuntamos a la Sierra de Segura buscando el nuevo desvío a la A-317 que según un amable sileño estaba “allí en to lo hondo”. El susto de hoy me lo va a dar en otra curva una linda y culebreante serpiente que se libra de que le pase por encima por un pelo.

To lo hondo.

No tardo en divisar la silueta inconfundible del cono de Segura de la Sierra con su castillo coronándolo. Y decido desviarme de nuevo para acercarme al pueblo.



Y al seguir tras la foto el Nural 27 se rompe por la vibración y el espejo se queda colgando. De modo que hay que parar en Orcera, antes de Segura, a hacer algún apaño. Y nada más tocar el espejo se cae al suelo. Arreglado. Esto pasa porque el mecánico de Aspar estaba ocupado. Paro a la sombra en la puerta de un bar y quito el espejo de la derecha y lo pongo en la izquierda ante la atenta mirada de cuatro paisanos con cara de no confiar en absoluto en mis habilidades desatornilladoras y atornilladoras. Como ven que sí puedo me felicitan por tan difícil reparación. Guardo los restos del desastre y entro a comerme un bocata de tortilla con jamón, unos refrescos y unas fantásticas aceitunitas de la zona ya cerca de las 14:30.

Tras esto seguimos hasta Segura, por donde desde hace ya algunos kilómetros dejamos de ver viñedos para empezar a divisar olivos hasta donde alcanza la vista.




En Hornos tomamos la A-319 para adentrarnos ahora en la Sierra de Cazorla bordeando de norte a sur el embalse del Tranco por unas carreteras que vuelven a ser impresionantes. Curvas y más curvas en una carretera que hay que recorrer con precaución. No es difícil encontrar piedras o restos de vegetación en cualquier curva. Los precipicios son importantes y la anchura de la carretera anda justita, pero como la mayoría de las carreteras desde que salí de Castellón.

Embalse del Tranco con Hornos al fondo.





Llegamos a Coto-Ríos y paramos a hacer un descanso y tomar un refresco. El calor aprieta a las cinco y pico.




Y más sustos agradables en los alrededores de Arroyo Frío. Los ciervos asustados por Parsi se cruzan por delante en un par de ocasiones. Es una agradable visión. Mejor no correr mucho.

Y de repente un cartelito dice que por allí, a 18 km, está el nacimiento de la columna vertebral de Andalucía, el río grande, al-wadi al-Kabir, el Guadalquivir. Nunca he estado, de modo que ¿por qué no desviarse de nuevo?

Pues allá vamos por carreteras aún más reviradas pero con buen asfalto. Bueno, hasta que pasan sólo cinco o seis kilómetros y se termina junto a un camping. Pregunto por allí y me dicen que puedo seguir con la moto por una pista forestal de montaña de unos 15 kilómetros hasta el nacimiento, pero que es decepcionante y a lo mejor no merece la pena. Yo no tengo remedio, y como soy un romanticón… tiro millas.

Realmente la pista está en muy mal estado y muy bacheada y polvorienta con mucha tierra y piedras sueltas y junto a grandes barrancos que en ocasiones ponen los pelos de punta, perdonad que no me entretuviese a hacer fotos, pero es que al empezar la pista me crucé con uno de esos enormes autobuses todoterreno de Medio Ambiente que no cabía por el camino y que iba a todo carajo, y no me gustaría que otro me pillase parado en una de estas curvas.

Retiro el dedo del freno delantero y me concentro en ni rozarlo. Parecía que no iba a llegar nunca. Para colmo a mitad de camino me encuentro una señal que decía bien claro y visible que se prohibía el paso a quads y motocicletas. Lógicamente no voy a darme la vuelta y sigo adelante esperando no encontrarme con ningún guarda. Una subida tensa dando bandazos todo el tiempo. Y de repente me encuentro un par de coches y un poco más adelante una indicación para seguir unos metros a pie hasta el nacimiento.







Me lavo la cara y las manos y vuelvo al suplicio del camino. Parsi está que da pena y tiene más polvo que el día del Camino del Práctico. Y de aquí a Cazorla ya queda poco, pero hay que parar para hacer más fotos.





Pasamos por la Iruela y ya estamos en nuestro destino de hoy. Las siete y media de la tarde. Esta noche la pasaré en el complejo turístico Villa de Cazorla. Otro sitio barato y muy tranquilo y recomendable (a mí me lo localiza por internet Patricia, que alguna ex me queda que aún me quiere ;-) ). La habitación tiene una terraza con unas vistas espectaculares y podéis disfrutar de la piscina con iguales vistas si os queda tiempo.




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Me ducho y me voy dando un paseo al centro del pueblo buscando un mesón recomendado por Rafa donde cenaría de maravilla. Mesón Don Chema. Un fantástico gazpacho andaluz con toda su guarnición y un ciervo en salsa de piñones con patatas a lo pobre y pimiento seco frito (especialidad del chef). Entre tanto me ponen una prueba de chorizo de venado, un pestiño y un licor de hierbas después del sorbete de limón. Muy recomendable.

Pues nada, otro paseo esta vez a la plaza antigua (Plaza de Santa María) donde me tomaría una cervecita antes de irme a descansar. Para colmo me ponen una tapa de papas bravas que después del atracón de la cena no consigo más que probar.





Por desgracia no todo puede ser perfecto y, como esta mañana han fumigado la plaza, los mosquitos supervivientes están bastante cabreados y me acribillan a picotazos. En fin, a rascarse toca.

Y suspirando por la recepcionista me voy a la camita. Ay…

Día 8. Jueves 14 de junio.

Esta sería la etapa más corta de todas, pero tenía especial interés en pasar la siguiente noche en un lugar en el que estuve hace muchos años en uno de mis primeros viajes de juventud en solitario. Nuestro destino de hoy es la Alquería de Morayma, un alojamiento al pie de la cara sur de Sierra Nevada con unas espectaculares vistas a toda la alpujarra granadina. Por tanto hoy haremos unos 230 km en un tiempo estimado de cuatro horas y media cruzando Sierra Nevada de norte a sur.

Salimos a eso de las diez de la mañana tras desayunar en el hotel directo a la gasolinera donde además de gasolina miraría las presiones de las ruedas y aprovecharía para limpiar un poco la moto con el aire a presión.

Los primeros kilómetros de la ruta son de mero trámite y pronto volvemos a dejar las carreteras transitadas para dirigirnos a Jódar y después adentrarnos en la primera sierra de hoy, Sierra Mágina hasta Guadahortuna. 

Ya desde Siera Mágina se adivina el perfil de la Sierra Nevada. Estoy deseando llegar. Y cuando me voy acercando veo que aún tenemos nieve en las cumbres más altas de la península. Espero que no haga frío por ahí arriba porque no voy preparado para eso.



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De allí hasta Guadix la cosa se vuelve un poco más aburrida e incluye un cortísimo tramo de autovía que por algún lado hay que cruzar. Aquí hacemos alguna paradita para las fotos en la ciudad y después ya en las afueras para ver alguna casa cueva abandonada en las formaciones arcillosas típicas de la zona.





De aquí a Jerez del Marquesado, donde para variar soy yo el que para a la guardia civil para preguntarle si puedo cruzar Sierra Nevada por algún punto más al oeste de donde yo lo tenía previsto, pero va a ser que no, de modo que me voy en dirección a La Calahorra. Cuando pretendo subir al castillo veo que hay que hacerlo andando o por otra pista de tierra, y como ya eran alrededor de la una y hacía calor y no tenía ganas de hacer más enduro sigo al sur para meterme de nuevo en las preciosas y espectaculares carreteras de alta montaña que me llevarían hasta el puerto de la Ragua.







Como siempre es una pena no poder parar en algunos sitios para hacer mejores fotos. Pero bueno. Ahora toca bajar y las carreteras no serán menos espectaculares.



El paisaje cambia completamente y en esta cara se vuelve más árido según voy llegando a las alpujarras. No tardo en ver las primeras construcciones típicas de esta zona y vuelvo a cruzarme con otra serpiente con menos suerte que la anterior.




Y a las tres de la tarde ya estaba en mi destino. La hora perfecta para comer un gazpacho fresquito y unas patatas con huevos rotos justo antes de que cierren el restaurante. El sitio es de los que siempre recomendaré, y aunque el precio sube un poco con respecto a los anteriores alojamientos sigue mereciendo la pena. La tarde la pasaría descansando de las últimas palizas.


Mi habitación es la Casa Árabe. Me vieron cara de moro.

Tras la comida me voy a dormir la siesta entre los cantos de los pájaros y sintiendo la brisa de la sierra que entra por la ventana.

Mi habitación con la escalera que lleva a la piscina.

La piscina me llama a gritos: ¡Mígue, ven, que estoy solita! De modo que allá voy. Qué dura es la vida del motero.




Aprovecho después para anotar los lances del viaje mientras me tomo unas cervezas en la terraza del restaurante.




Y así se me pasa el tiempo entre anotaciones, y contemplaciones. Me entretengo en la dura tarea de  observar cómo se hacen y deshacen las nubes en lo alto de la sierra o cómo las sombras van cubriendo los pueblecitos de la alpujarra mientras se pone el sol.





Y así hasta que llaga la hora de cenar. Y ya que estoy en la terraza, pues allí mismo ceno. Pretendía que fuese algo ligerito, así que empecé con un caldo con su pollo, su jamón, su huevo y sus fideos, y como la carta era tentadora no pude resistir la tentación de seguir con una trucha al ajillo con jamón, patatas a lo pobre y verdurita buena. Para acompañar vino blanco. Y como ya he dicho que quería cenar ligerito pues no tomo postre y lo cambio por un gin tonic con mi ginebra favorita que viene justo cuando empieza a sonar una de mis canciones favoritas: What a wonderful world. 



Mientras en las alpujarras sólo se ven las luces de los pueblos y las del coche de algún incauto que se atreve por ahí a estas horas.

Y pensar que pasa uno el día aguantando a ineptos que no tienen otra ocupación que joderte la vida… Que les den por culo. A cada cerdo le llega su San Martín.

Y como desde que se fue el sol ha llegado el frio y el gin ya se acaba, pues suspirando por la camarera me voy a la camita.

Día 9 y último. Viernes 15 de junio.

Ésta será la etapa más larga del viaje con casi 400 km que se podrían hacer en unas siete horas. Seguimos, claro está, por las alturas.

Empiezo bien el día y me levanto ante unas vistas maravillosas. Como el día anterior.

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Desayuno pronto con aceite, tomate y jamón de la alpujarra y salgo a las 9:30 por las carreteras más altas de la sierra recorriendo casi todos los pueblecitos que la salpican y parando de vez en cuando para hacer fotos y admirar un paisaje que hoy sí sería más rico en vegetación.



Pasamos por Trevélez, que algunos dicen que, aunque no tiene el ayuntamiento que está a más altura (que es como se mide la altura de los pueblos), sí es el pueblo donde hay casas construidas a más altura, y por tanto es el pueblo más alto de la península. Una absurda riña por batir un record que ninguno de estos pueblos necesita. El entorno y sus gentes son suficientemente interesantes como para no atender a records de ningún tipo.

Trevélez.

Río Trevélez.


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Todos estos pueblos están especialmente guapos a primeras horas de la mañana. Desde la zona de Pampaneira, Bubión y Capileira se pueden ver de nuevo el Veleta con un poco de nieve también por esta cara y el Mulhacen.

Capileira con el Veleta y el Mulhacen al fondo.

Salgo de la alpujarra por Lanjarón y vuelvo a tomar la autovía por pocos kilómetros para desviarme a la altura de Padul, ya casi en Granada, hacia las sierras de Tejeda, Almijara y Alhama para visitar por cuestiones puramente sentimentales el pueblo de Arenas del Rey donde tengo algún que otro buen recuerdo de mi niñez.




De ahí a Alhama de Granada, donde nada más llegar paro en una farmacia a comprar algo para las quemaduras que el sol me ha dejado en las manos a lo largo de estos días y que con este sol y calor ya duelen.





Paro a comer a las dos y pico y con las tapas que ponen por aquí cuando pides la bebida ya voy servido. Hace calor y no me entretengo mucho para seguir ahora hacia las sierras del norte de Málaga, pero nada más salir del aparcamiento descubro para mi sorpresa que la rueda delantera está pinchada. En fin, nada que no se arregle con una cámara de repuesto y un teléfono móvil. El asunto es que a estas horas, las tres de la tarde ya, está todo cerrado y tengo que esperar a que abran un taller cercano de reparación de motos. Como no quiero romper el neumático llamo al seguro para que la grúa lleve a Parsi al taller.

La grua tarda un poco más de lo esperado y mientras me tomo algo en una cafetería que tengo al lado. Como no estoy dispuesto a romper mis propósitos para estas vacaciones y en la tele están puestas las noticias decido salir a la terraza a pesar del calor. 

La camarera extrañada por el tiempo que tardo en tomarme un par de refrescos se interesa por mí y tras contarle mis problemas y de dónde vengo y a dónde voy me pregunta si estoy solo. Yo le respondo que sí, que me gusta viajar solo, pero ella insiste: “¿Entonces no estás casado ni nada de eso?”. Ay… Amiga...



En fin, que con bastante retraso llega la grúa y subimos a Parsi a la carroza.




Javier se pone a ello inmediatamente y como ve que la cámara que llevo no anda muy allá saca una nueva y dejamos la mía para que la usen en las tomateras los agricultores de la zona (no me preguntéis cómo). Cámara nueva, comprobación del neumático y nuevo equilibrado.






Charlamos sobre clásicas mientras se hace la reparación y Parsi se lleva un par de fotos para un conocido de Javier. Gracias por vuestra amabilidad y buen hacer, Javier.

A eso de las cinco y media ya estaba de nuevo listo para salir. Pero como había perdido casi tres horas, no quiero llegar demasiado tarde y ya conozco casi toda la ruta prevista hasta Sevilla, decido cortar por lo sano y ahorrar algo más de una hora tirando por Loja y desde allí por autovía hasta casa. Un tramo terrible de tres horas por culpa de un fuerte y racheado viento de cara. Una última parada para echar gasolina en Estepa y a las ocho y media en Sevilla.




Se acaba el viaje con un montón de imágenes en la cabeza y muchos momentos que sigo procesando. He tenido tiempo de divertirme, de relajarme, de meditar, de no pensar en nada, de reírme, de llorar con algunos recuerdos.. pero sobre todo he disfrutado de cada momento, los buenos y los mejores. Se acaba el viaje con tristeza pero rejuvenecido y fortalecido en cierto modo. Y deseando estar ya en Granada.

Y si habéis leído hasta aquí os merecéis un aplauso enorme por aguantar todo este tostón. 

De nuevo gracias a todos los que participasteis en persona o en la distancia en este viaje, apoyando, o estando al tanto de mis andanzas, y especialmente, cómo no, a los anfitriones y sus familias que tan excelsamente nos trataron y nos acogieron. Y a Aurora, claro, que supo aguantarme durante estos días en su casa.

¡Mil gracias a todos!

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