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Desierta.

A cuento de "rellenar mi cama" una amiga me ha recordado que, realmente, mi cama me gusta tan ampliamente desierta como suele estarlo en los últimos tiempos (además de que a doblar las sábanas también le he cogido ya el truco). De vez en cuando pasa por mi cama algún alma nómada que se va igual que vino. Pero es que los desiertos son así de poco acogedores. Te dan la hospitalidad justa para pasar la noche de descanso que necesitarás para al día siguiente seguir tu camino. Es raro, muy raro que pase, pero el problema viene cuando la compañía ha sido lo suficientemente agradable como para olvidarse de mirar al cielo. Y te jode que se vaya. Te jode de una manera extraña, casi autolítica, y te ves pidiendo a un nómada del desierto que deje su camino por un día más. Y es raro, muy raro, pero a veces pasa, y al final me acaba ocurriendo como le ocurrió a aquel aviador francés que, con sus alas maltrechas, vio irse por el desierto a un niño que tenía cabellos de oro; mi cama se conv...

Fold on/off

Hay que joderse; se compra uno una cama de 150x200 y resulta que no trae doblador de ropa de cama automático. Qué difícil es doblar esas fundas nórdicas y esas sábanas uno solito. Las camas así de grandes deberían tener un dispositivo especialmente diseñado para solteros no muy altos: "Fold on/off". Echas la ropa seca encima, pulsas, y te la dobla sola. Con un interruptor estratégicamente situado, eso sí, que después las visitas lo ven, le dan al botoncito sin bajarse de la cama y... ya la hemos liado (o mejor dicho, doblado). Pero ya no me pasa más. Yo quiero a alguien que me ayude a doblarlas, y ya de paso que rellene un poco la cama por las noches, pero eso sí, que duerma del tirón sin moverse mucho y sin levantarse de madrugada, que yo tengo un sueño muy ligerito. Que si no tampoco pasa nada. ¡Eh! Que me las voy arreglando, pero si esto de la soltería se vuelve crónico llegará el momento en que empiece a encorvarme. De modo que hay que ponerse manos a la obra con el inven...

Con el corazón en la maleta.

En poco más de tres años ya he tenido tres mudanzas. Lo peor es que en cada una de esas mudanzas había una maleta reservada al corazón. En el año y poco que llevo viviendo aquí, y eso es lo más curioso de todo, aún no he tenido tiempo de deshacer la maleta en la que llevo el corazón.