Camino verde.
Siete menos cuarto de la mañana. Play. De la cama naranja al duro asfalto gris. Obertura a ritmo de pedaleo tranquilo pero alegre. Un pequeño rodeo. Me gusta pasar por delante de la terraza de mamá. Recorro el viejo paseo en el que de niño las bicis eran naves de Galáctica. Sorteo el primer atasco. La dulce voz de Las Flores Azules blanquea el negro rugir del autobús rojo. Delafé canta mi viaje hacia la rutina como si estuviese sentado en la barra. Los latidos de Facto animan los pedales. Poesía de lo cotidiano. Relleno por unos segundos cada vacío que me encuentro entre las peceras con ruedas de las que hoy reniego. Peceras con un sólo pez detrás del cristal. Luces rojas, blancas, amarillas, verdes... Y el sol. De frente. Tata Inti nos saluda. Y por fin el camino verde rumbo este. Éste que soy yo. Frío por fuera. Sudando por dentro. Un oasis intenta volar en el barrio de los ricos. El coche celeste de mi vieja amiga aparcado donde siempre. Lo cruzo sin pena y con gloria. E...