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Mostrando las entradas etiquetadas como paranoias

Aviso.

Las espinas que me hieren crecen y me atraviesan desde un vacío en lo más hondo, de dentro a afuera, y asoman rasgando mi envoltura para mayor dolor de quien quiera que se atreva a acercarse demasiado.

Minusvalía emocional o coleccionismo de fracasos.

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De minusválidos emocionales o coleccionistas de fracasos, como los (nos) llama una querida amiga mía. Y es que cuando más se echa de menos una adecuada adaptación emocional es precisamente cuando llega tarde para salvarte de otro estrepitoso fracaso. Es triste enfrentarse a un nuevo fracaso (emocional siempre y sentimental en el caso que nos ocupa), y entender que la responsabilidad (la mal llamada culpa) es sólo de uno mismo. Aceptarlo es duro. Empatizar con el sufrimiento del otro es más duro aún cuando sabes que su dolor es efecto de tu ineptitud emocional. Quizás la minusvalía emocional consista en, identificando, entendiendo, controlando las emociones, no actuar para el beneficio común, no exteriorizar el sufrimiento propio y dar la oportunidad al otro de que sea él quien pueda elegir si quiere o no sufrir según le convenga o compense, que materializado el fracaso no se sienta engañado, estafado, utilizado, violado, fracasado también en definitiva. Llegar al sentimiento de fracaso...

Delirium Morpheus.

La luz atraviesa inmisericorde la botella de agua helada para dar de lleno en mi cara. El polvo lo cubre casi todo. Los párpados pesan toneladas. Las sábanas esperan. Los relojes se sienten abandonados. Los delirios se desperezan. Las pesadillas se resignan. La computadora se excita. El día no existe. La noche ya no es joven. La chica del 27 se desvanece. La juventud insultante se descarta. La compañía se extraña. El germen crece. El fruto madura. El deseo se apaga. La desilusión avanza. La expectativa engorda. Las rodillas crujen. El cuello tira. Las ventanas se cierran. Las neuronas cortocircuitan. Los teléfonos duermen. Las dudas asaltan. La sed persiste. Los recuerdos molestan. Las obligaciones insisten. La búsqueda cansa. Las palabras chirrían. La imposición funciona. Agobio inunda. Enamorarse se prohíbe. Sonreír se encarece. El viaje empieza. La realidad se acaba. El peso vuela. Creer perece. Imaginar nace. Poder se rinde. Querer abdica. Oscuridad invade. Hipnos triunfa. Muerte ...

Tabú.

No tengo ni idea del porqué de algunas cosas, y es más que probable que nunca la tenga. Quiere que piense en ella. Y yo, como casi todos, estoy demasiado ocupado viviendo como para hacerlo. Me va recordando que sigue ahí; unas veces muy sutilmente y otras todo lo burdamente que sabe hacerlo cuando le apetece. Ha estado cerca, muy cerca, en más de una ocasión. No sé muy bien a qué vino, pero llegó, me acarició... y desapareció. Ya la he visto llevarse a parte de mi gente. Pero es muy rara, rarísima, la vez que llego a pensar que viene por mí. Y al decir esto me estremezco y noto retorcerse mis vísceras. Ayer fue un día normal; otro más de los que pasan sin pena ni gloria más allá de cualquier trivial y pasajera alegría. Ya tengo pretensiones para mañana. Pero lo único cierto es que no sé ni puedo saber lo que me ocurrirá en el próximo instante. No puedo saber si habrá una siguiente pulsación en el teclado, e indiscutiblemente a partir del instante siguiente a la imposibilidad de pulsar...

Quiero ser colifato.

Quiero coger, sin más, eso que me ofrecen a un precio que no puedo pagar. Quiero coger sin parar. Quiero gritarle sin medida y sin pudor a ese imbécil que no mira al lado. Quiero besar en la mano a esa chica tan guapa. Quiero romper la puerta de ese retrete sin pestillo. Quiero coger una ramita de romero y regalársela al conductor del autobús. Quiero ir al cuarto de baño sin decirle a nadie a dónde voy. Quiero andar desnudo por la calle. Quiero llorar como un niño. Quiero derrochar sin pensar en mañana. Quiero espantar serpientes a manotazos. Quiero ignorar a los listos. Quiero hablar para que no me entiendan. Quiero ir en bici desde Mairena a Córdoba y volver. Quiero matar a alguien. Quiero escuchar a la tele hablar de mí. Quiero follar en un ciclomotor. Quiero dejar de pagar. Quiero pasarme una semana en la cama. Quiero ser una impresora. Quiero andar desesperantemente despacio. Quiero cantar por Manolo Escobar. Quiero mandarte a tu casita. Quiero fumar en la cama. Quiero que me resc...

Puñetero oráculo.

Elegí un libro al azar y al azar abrí una página después de preguntarle algo que no os revelaré. El muy puñetero fue por azar "Del amor y otros demonios", y por azar desde su página 114 respondió: " Nada es más útil que una duda a tiempo ". El muy puñetero. ¿Es esto o no es esto onanismo oracular? Para este viaje no hacían falta alforjas. Dispuesto a sacar partido de la manifestación del improvisado oráculo la cuestión ahora es si esta duda es o no a tiempo . Que supongo yo que sean cuales fueren las causas que dieron lugar a su génesis, lo cierto y verdad es que la duda ha sido generada. Por tanto creo poder afirmar que... ya no sé de lo que hablaba. Total; que creo una duda con la simple intención de tener algo que contar y resulta que ahora tengo una duda y una respuesta que, perdónenme ustedes, no me resuelve la duda. Ahora, eso sí, qué contento estoy con mi útil duda, suponíamos, creo, que a tiempo . ¿O no llegamos a suponerlo? De cualquier forma, si bien...

Si eres peludo...

Un consejo: Si eres un tío peludo, no metrosexual y de cierta edad... no pongas suelos blancos (sobre todo si andas por ahí medio en bolas). Yo no sabía lo rápidamente que cambiamos de pelaje los humanos hasta que me compré un piso con los suelos de la cocina y el baño de color blanco. La mopa y el cepillo echan humo. Ahora tengo un dilema: ¿Me depilo o me plastifico? Porque lo de cambiar el suelo con lo que cuesta y al nivel actual del Euribor es poco menos que una utopía. La verdad es que la primera no me convence nada, y la segunda viviendo en Sevilla puede ser noticia este verano. Por favor, si alguien tiene alguna idea que vaya dándomela; se lo agradeceré.

Fold on/off

Hay que joderse; se compra uno una cama de 150x200 y resulta que no trae doblador de ropa de cama automático. Qué difícil es doblar esas fundas nórdicas y esas sábanas uno solito. Las camas así de grandes deberían tener un dispositivo especialmente diseñado para solteros no muy altos: "Fold on/off". Echas la ropa seca encima, pulsas, y te la dobla sola. Con un interruptor estratégicamente situado, eso sí, que después las visitas lo ven, le dan al botoncito sin bajarse de la cama y... ya la hemos liado (o mejor dicho, doblado). Pero ya no me pasa más. Yo quiero a alguien que me ayude a doblarlas, y ya de paso que rellene un poco la cama por las noches, pero eso sí, que duerma del tirón sin moverse mucho y sin levantarse de madrugada, que yo tengo un sueño muy ligerito. Que si no tampoco pasa nada. ¡Eh! Que me las voy arreglando, pero si esto de la soltería se vuelve crónico llegará el momento en que empiece a encorvarme. De modo que hay que ponerse manos a la obra con el inven...