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Camino del Cid: Bikepacking entre Burgos, Soria y Guadalajara.

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  Hacía tiempo, mucho tiempo, que por unas u otras razones no podía hacer uno de estos viajes que tanto empezaban a gustarme. No sólo eso, sino que la práctica habitual del ciclismo de montaña también se había visto relegada a un segundo plano. Siempre hay excusas para no hacer deporte. Que si la salud, que si las obras, que si el trabajo, que si los cursos, que si el frío, que si el calor... Excusas, excusas, excusas... En lo que llevábamos de año a penas había entrenado 500 km, nada. Tenía varias alternativas para este viaje, pero esperaba al último momento para decidirme según estuviese el tiempo.

Circular de la Sierra Norte y la Vega de Sevilla. Bikepacking contra el sol.

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La primera ola de calor del año 2017 entra en nuestra bendita tierra justo cuando tengo prevista mi nueva escapada. Con las vacaciones pedidas y todo preparado no me parece buena idea echarse atrás. Mi intención es recorrer una ruta que la diputación de Sevilla ha puesto en valor en los últimos meses: La Gran Circular de la Sierra Norte y la Vega de Sevilla. Mucho nombre para apenas 250 km que pretendo hacer en tres o cuatro días. Evidentemente es un recorrido pensado para senderistas, de ahí lo de tan "Gran" sobrenombre. Las fechas tampoco son exactamente las que tenía pensadas, porque el trabajo me estaba desbordando y mi estrés iba somatizándose en no sé cuantos males que llevaron a mi médico a aconsejarme una baja días antes de empezar mis vacaciones. Acepté y, aunque esto suponía en cierto modo un fastidio, adapté las fechas de la escapada a las de las consultas médicas y decidí desconectar y volver a poner los pies en la tierra recorriendo la sierra con la bici....

Bikepacking por la sorprendente Huelva de la TransAndalus.

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Voy a intentar contaros mi última aventura como "bicimochilero" (bikepacker, o del que practica bikepacking, que lo llaman los anglohablantes). En mis primeras salidas medio serias con la bici hice ya, casi sin quererlo, varios tramos de la TransAndalus entre Huelva, Sevilla y Cádiz. Esas buenísimas experiencias fueron alimentando al gusanillo aventurero, que por otra parte ya estaba bastante gordito. Hacer toda la TransAndalus de un tirón me llevaría mes y medio o dos meses y, entre que ni me considero preparado ni tampoco tengo ahora el tiempo necesario, asumí que de momento no me quedaba otra que ir haciéndola por tramos.

Bikepacking: Pedaleando hacia la Puerta de la Caridad.

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O hacia Bab el-Zakat, que lo mismo es según nuestros ancestros árabes y así llamaban al que hoy conocemos como Estrecho de Gibraltar. Tenía yo ganas de ir aumentando poco a poco mis recorridos en bicicleta, tanto en distancia como en dificultad, con vistas a ir ensayando y entrenando para futuros viajes que puedan llamarse como tales. Me apetecía algo entre la sierra y la costa. Mi primera idea fue recorrer el Parque Natural de Cabo de Gata y la sierra de Nijar, pero por cuestiones de logística fue descartado casi a última hora, y lo más parecido que tenía a mano era, sin duda, nuestra amada Cádiz. Aprovechando las vacaciones hago algunos cambios a la bici y la cargo con unos kilos extra entre herramientas y recambios, material de acampada, ropa y provisiones. Mi idea era cargar con todo lo necesario indispensable que me permitiese pernoctar plantando la tienda y comer algo donde la ocasión me pillase si así se terciaba o era necesario.

Quitando los ruedines. 72-O Bikepacking.

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Pues un poco de eso, de dar el salto, de ir un poco más allá en esta nueva afición, hay en este pequeño viaje que quiero contaros. Hace ya unos meses que animado por Natalia y Robi  decidí comprar una bicicleta que me hiciese más fácil empezar a hacer excursiones y rutas con la idea de, en un futuro no muy lejano, comenzar a viajar. Hay muchas formas de hacerlo en bicicleta, y creo que poco a poco voy encontrando la mía. En este último año, desde que en enero empecé a recuperar mis viejas bicis y en abril me hice con la nueva, he registrado ya unos 1140 km en pequeñas y cortas excursiones. Ya tenía ganas de plantearme nuevos retos y de paso vivir nuevas experiencias. De modo que me puse a buscar y encontré la ruta perfecta para un viaje de un par de días que de paso me llevaría a conocer uno de esos sitios por los que siempre he sentido curiosidad. Después de estudiar las tablas de mareas para Sanlúcar de Barrameda y Matalascañas elijo la mejor fecha y allá qu...

Hola, buenas, ¿hay alguien por ahí?

Por cuestiones que no vienen al caso (sólo diré que están implicados Antoine de Saint-Exupéry y Hugo Pratt) he vuelto a este sitio que un mal día dejé abandonado. Me lo he encontrado en ruinas y daba un poco de miedo, pero he entrado. Le he dado un lavado rápido de cara y he puesto un poco de orden. He tirado algunas cosas y... Digamos que he pintado las paredes. ¿Quién sabe? Quizás si esto no se ha convertido en un desierto me anime a volver a escribir para quien quiera que ande por ahí.

Carmín.

A veces, cuando el carmín pide besos desde los espejos, cuando los cuerpos desean a gritos, aunque los corazones sigan llorando, a las almas aún se les escapa alguna sonrisa.

Recuerdos.

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Cuando la vida nos lleve por caminos que nunca llegaremos a imaginar siempre nos quedarán los recuerdos. O tal vez ni eso. José Mateo, un tío grande, muy grande, canta Hey Joe en el festival de música sevillana "Salta la tapia" acompañado por Silvio a la batería y su grupo, Luzbel. Corría el año de 1984.

El rayo verde y la tejedora de fantasías.

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El rayo verde dibujaba teteras donde antes había centauros mientras la bruja buena echada en la hierba tejía fantasías bajo la luna.

Tiempo.

No brillan las agujas sobre este oscuro blanco desde que tiempo dejó de contar. A mi padre.

Un segundo.

El agua empujó la espuma y la lanzó al vacío desde mi pecho. La vi caer desde el borde de mis párpados a cámara súper lenta, como esas cámaras que usan para mostrarnos la sangre salpicando en el traje de luces cuando el estoque atraviesa al toro, como esas que usan para que no nos perdamos las gotas de sudor saltando del rostro trémulo del futbolista al césped al rematar de cabeza el balón. Sentí una familiar sensación de vértigo. La deforme bola de espuma iba describiendo un leve giro hacia adelante mientras se precipitaba lentamente hasta estrellarse contra la fina capa de agua que cubría el fondo de la bañera. Se extendió sobre la superficie deslizándose con la corriente. Y se fue por el sumidero.

La última mañana.

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Las disputas políticas y los reconocimientos internacionales no le servían para sentirse vivo. Todo ese prestigio que a lo largo de los años consiguió gracias a su trabajo, tanto sobre el papel como a los mandos de tantos aviones, le ayudarían a conseguir lo que su edad y su delicada salud le hacían cada vez más difícil. Necesitaba volar, necesitaba participar. A sus cuarenta y tres años trabajaba rodeado de jóvenes que no llegaban a los veinticinco. El grupo II/33 debía ser un hervidero de testosterona aquel verano de 1944. El briefing había terminado y los aviones estaban listos para despegar. Ésta sería la última misión tras otras ocho ese mismo año. Sus superiores ya lo habían decidido. Al día siguiente le informarían del inminente desembarco de las tropas aliadas al sur de Francia. La prohibición de volar a los pilotos en posesión de este secreto era una medida de seguridad en caso de que fuesen hechos prisioneros y, en este caso, la mejor baza para retirarle. A primera hora d...

Habitación con vistas.

El pasaporte descansa viejo y cortado sobre el montón de caducados carnets de identidad, de vuelo, de biblioteca y de no sé cuántas estrictas instituciones pasadas. Los libros de la universidad duermen acumulando polvo mientras esperan alguna consulta que nunca llega y recuerdan a quien los mira más de uno y de dos desengaños forjados en las aulas y cafeterías de la Hispalense. Decenas de asignaturas, supuestamente no pendientes, recostadas unas sobre las otras. Curiosamente, husmeando hoy entre legajos, después de tres mudanzas, y para mi regocijo particular, aparece el cuaderno de campo de aquellas prácticas que, fíjate tú por dónde, resultó no haberse perdido en el caótico despacho de Don Manuel. Con la de veces que se lo eché en cara y le puse verde por aquello. Entre bibliografías y notas de campo aparece una carta a Marta en la que analizaba la convulsa situación de su quebradiza Argentina, le hacía algún guiño, y le contaba sobre mi inexperta vida sentimental. Algunas líneas al ...

Todos los días ocurren milagros.

Vuelven a sonar The Verve. Vuelven los sueños de fantasmas. Vuelve, a pesar de todo, a no ser difícil despertar. Vuelve, por suerte, a haber magia suficiente para seguir sobreviviendo: Una mirada de Najwa en las Noches del Pemán. El desayuno en una terraza de la Plaza de San Francisco. El atlántico bajo el sol de Andalucía desde la Torre norte de la catedral. Una gaviota volando el levante de la Caleta. Los pies hundidos en la arena mojada mientras la cometa tira con fuerza. Un descanso a la sombra del balneario. Una cerveza bien fría, unas gambitas al ajillo, unas tortillitas de camarones y una caballa con piriñaca en La Viña. El feliz abrazo por sorpresa de un hada en el Pópulo. Un paseo entre las casas encaladas de Carmona. Un almuerzo frente a la Vega. Un café helado en el Alcázar del Rey Don Pedro. La penúltima de Canasta entre la verborrea de Bárbara, los juegos de Dana y las babas de su recién estrenada preocupada mamá. Todos los días ocurren milagros. Pero a veces, o no querem...

A estas horas...

Ya ha pasado la tarde de domingo. Son raras las tardes de domingo, sobre todo si son de resaca. Dan que pensar a los que tenemos la suerte de pasarlas ociosos de vez en cuando. Ahora son las diez y media aquí en Sevilla. En Ramala es una hora más tarde. Deben ser las cinco y media de la tarde en Buenos Aires. Y en Sydney acabará de despuntar el alba. Hay luna llena. En el invierno argentino habrá a estas horas mucha gente tomando mate en los parques buscando un rayo de sol que les conforte. Las cafeteras estarán humeando en Australia antes de ir a trabajar. En las camas palestinas se dormirá como casi siempre con intranquilidad. Y aquí los 33ºC son lo que no nos deja dormir. A mí hoy me preocupa poco lo que suceda mañana. Lo más probable es que todo transcurra con normalidad. Me levantaré tarde, o no, desayunaré, regaré las plantas, haré alguna gestión, arreglaré un poco la casa, haré la comida... en fin, lo de todos los días en que no hay que currar. A Garib esta noche de insomnio ya...

Muerte.

Tengo una imagen grabada en la cabeza. Un coche de la Guardia Civil corta el tráfico. Un poco más allá, en el suelo, una sábana blanca cubre lo que parece un cuerpo. Un parapente permanece arrugado sobre la valla que bordea la carretera, y junto al cuerpo una silla de vuelo. El coche fúnebre espera a un lado. Cuatro pilotos dan vueltas por el aterrizaje como quien busca desesperádamente una joya perdida, una razón. Serios, sin lágrimas en los ojos. No hay palabras, no hay preguntas. La montaña está en silencio. El sol se acerca al horizonte. Los demás vuelan sobre la tarde más silenciosa que recuerdo. No lo saben, ni queremos que lo sepan. La muerte ha hecho acto de presencia. No estaba invitada, pero no nos sorprende su visita. Ya la vimos de cerca antes, pero nunca se paró por aquí. Desde el cielo a la tierra; no puede ser de otra manera.

Pinté mi cielo de blanco...

En tres días pinté mi cielo de blanco, y al tercero resucité. Ya no me quedan grietas importantes. Tres días de trabajo, aislado del mundo, en una especie de limbo a dos metros y medio de altura. Duele cada parte del cuerpo. Pintar tu cielo particular no es ninguna tontería... duele. Ahora es de un blanco fresco, radiante, limpio, casi perfecto. ¿Durará? ¿Se caerá algún trozo? ¿Cambiará pronto de color? ¿Reaparecerán las grietas? Estoy deseando tumbarme a mirarlo, o a dormir bajo él. Necesito cerrar los ojos.