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Ciega, pero justicia. Confianza, pero no ciega.

¿Justicia? Ciega, pero justicia. A medias, pero justicia. Lenta como siempre, pero justicia. Fui por el camino de los honestos... Y no perdí. Hoy puedo decir que de nuevo he recuperado mi escasa confianza en nuestro sistema judicial. No es perfecto, es difícil que ningún sistema lo sea, pero hoy sigo confiando en él. Los miserables, por esta vez, no se han llevado el gato al agua. Ninguna prueba irrefutable, ningún testigo, pocas esperanzas, y sobre todo la determinación de no permitir que un cromagnon se saliese con la suya. Con esto bastó para que, si no se impusiera la verdad, al menos sí la duda razonable. A pesar de que los procesos de razonamiento debían ser algo distintos en los tiempos de las cavernas la justicia es tan ciega para el cromagnon como para el resto de los homo sapiens, y a los dos se les respeta la presunción de inocencia. No necesité testigos falsos ni mentiras perfectamente hiladas. No estoy satisfecho porque he perdido mucho dinero, pero mi conciencia ...

Habitación con vistas.

El pasaporte descansa viejo y cortado sobre el montón de caducados carnets de identidad, de vuelo, de biblioteca y de no sé cuántas estrictas instituciones pasadas. Los libros de la universidad duermen acumulando polvo mientras esperan alguna consulta que nunca llega y recuerdan a quien los mira más de uno y de dos desengaños forjados en las aulas y cafeterías de la Hispalense. Decenas de asignaturas, supuestamente no pendientes, recostadas unas sobre las otras. Curiosamente, husmeando hoy entre legajos, después de tres mudanzas, y para mi regocijo particular, aparece el cuaderno de campo de aquellas prácticas que, fíjate tú por dónde, resultó no haberse perdido en el caótico despacho de Don Manuel. Con la de veces que se lo eché en cara y le puse verde por aquello. Entre bibliografías y notas de campo aparece una carta a Marta en la que analizaba la convulsa situación de su quebradiza Argentina, le hacía algún guiño, y le contaba sobre mi inexperta vida sentimental. Algunas líneas al ...

¿Justicia?

Me siento absolutamente engañado. Desde que soy pequeño me están comiendo el coco con eso de que hay que ser bueno, no decir mentiras, respetar a los demás... Y si en alguna ocasión hago lo contrario ya me cuesta dormir bien. Pero resulta que cada día tengo más pruebas de que los que se llevan el gato al agua son los cabrones, los mentirosos, los que no respetan otra cosa que no sea su propio bolsillo, los indecentes en definitiva. Ahora estoy en la tesitura de decidir entre hacer lo que mis padres (siempre humildes, siempre buenos) me han enseñado o comportarme como un miserable mentiroso. La primera opción es la moralmente adecuada, porque defiendo la verdad sin trampa ni cartón, pero sólo tengo mi palabra para hacerlo, y eso no es suficiente para la ciega justicia. La segunda opción va en contra de la ética, porque defiendo una verdad con una mentira, pero eso a la ciega justicia no le importa y ni mi delicado estado socio-económico ni mi reputación se resentirán, aunque yo no pueda...