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Mostrando las entradas etiquetadas como corazón

Aviso.

Las espinas que me hieren crecen y me atraviesan desde un vacío en lo más hondo, de dentro a afuera, y asoman rasgando mi envoltura para mayor dolor de quien quiera que se atreva a acercarse demasiado.

Carmín.

A veces, cuando el carmín pide besos desde los espejos, cuando los cuerpos desean a gritos, aunque los corazones sigan llorando, a las almas aún se les escapa alguna sonrisa.

Nauseas.

Que asco de amor. Nauseas me da. He tragado tanto amor que voy a vomitarlo. Apartaos, no os salpique, que el amor a medio digerir deja manchas difíciles de quitar.

Minusvalía emocional o coleccionismo de fracasos.

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De minusválidos emocionales o coleccionistas de fracasos, como los (nos) llama una querida amiga mía. Y es que cuando más se echa de menos una adecuada adaptación emocional es precisamente cuando llega tarde para salvarte de otro estrepitoso fracaso. Es triste enfrentarse a un nuevo fracaso (emocional siempre y sentimental en el caso que nos ocupa), y entender que la responsabilidad (la mal llamada culpa) es sólo de uno mismo. Aceptarlo es duro. Empatizar con el sufrimiento del otro es más duro aún cuando sabes que su dolor es efecto de tu ineptitud emocional. Quizás la minusvalía emocional consista en, identificando, entendiendo, controlando las emociones, no actuar para el beneficio común, no exteriorizar el sufrimiento propio y dar la oportunidad al otro de que sea él quien pueda elegir si quiere o no sufrir según le convenga o compense, que materializado el fracaso no se sienta engañado, estafado, utilizado, violado, fracasado también en definitiva. Llegar al sentimiento de fracaso...

Con el corazón en la maleta.

En poco más de tres años ya he tenido tres mudanzas. Lo peor es que en cada una de esas mudanzas había una maleta reservada al corazón. En el año y poco que llevo viviendo aquí, y eso es lo más curioso de todo, aún no he tenido tiempo de deshacer la maleta en la que llevo el corazón.