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¿A quién van a creer?

Las ocho de la mañana; el despertador se ha empeñado en dejarlo bien claro. Se levanta dejando otro cuerpo y otra alma que rezan entre las sábanas porque este no sea un día más. Desde la cama se oyen sus pasos hasta el cuarto de baño: Una limpieza física y un despertar de los sentidos. Siempre sale con el pelo y la cara mojados. En unos minutos el aroma del café ya invade la casa. No se preocupa en exceso de no hacer demasiado ruido. El café cae en el vaso y viaja hasta el despacho donde las teclas del portátil comienzan a murmurar ya desde temprano. Ese ordenador de ha convertido en un arma que dispara textos y canciones más hirientes que cualquier bala. Y desde la cama el desasosiego se derrama por el dormitorio y lo desborda entre las sombras del amanecer. Un desasosiego iluminado por la ventana que se abre para ver dónde está la ropa y no se cierra, ¿recordará que hay otra persona en la cama? Pasos ahora hasta la puerta de la calle, portazo y más desasosiego. Habrá ido por el pan. ...

Tabú.

No tengo ni idea del porqué de algunas cosas, y es más que probable que nunca la tenga. Quiere que piense en ella. Y yo, como casi todos, estoy demasiado ocupado viviendo como para hacerlo. Me va recordando que sigue ahí; unas veces muy sutilmente y otras todo lo burdamente que sabe hacerlo cuando le apetece. Ha estado cerca, muy cerca, en más de una ocasión. No sé muy bien a qué vino, pero llegó, me acarició... y desapareció. Ya la he visto llevarse a parte de mi gente. Pero es muy rara, rarísima, la vez que llego a pensar que viene por mí. Y al decir esto me estremezco y noto retorcerse mis vísceras. Ayer fue un día normal; otro más de los que pasan sin pena ni gloria más allá de cualquier trivial y pasajera alegría. Ya tengo pretensiones para mañana. Pero lo único cierto es que no sé ni puedo saber lo que me ocurrirá en el próximo instante. No puedo saber si habrá una siguiente pulsación en el teclado, e indiscutiblemente a partir del instante siguiente a la imposibilidad de pulsar...

Quiero ser colifato.

Quiero coger, sin más, eso que me ofrecen a un precio que no puedo pagar. Quiero coger sin parar. Quiero gritarle sin medida y sin pudor a ese imbécil que no mira al lado. Quiero besar en la mano a esa chica tan guapa. Quiero romper la puerta de ese retrete sin pestillo. Quiero coger una ramita de romero y regalársela al conductor del autobús. Quiero ir al cuarto de baño sin decirle a nadie a dónde voy. Quiero andar desnudo por la calle. Quiero llorar como un niño. Quiero derrochar sin pensar en mañana. Quiero espantar serpientes a manotazos. Quiero ignorar a los listos. Quiero hablar para que no me entiendan. Quiero ir en bici desde Mairena a Córdoba y volver. Quiero matar a alguien. Quiero escuchar a la tele hablar de mí. Quiero follar en un ciclomotor. Quiero dejar de pagar. Quiero pasarme una semana en la cama. Quiero ser una impresora. Quiero andar desesperantemente despacio. Quiero cantar por Manolo Escobar. Quiero mandarte a tu casita. Quiero fumar en la cama. Quiero que me resc...

Todos los días ocurren milagros.

Vuelven a sonar The Verve. Vuelven los sueños de fantasmas. Vuelve, a pesar de todo, a no ser difícil despertar. Vuelve, por suerte, a haber magia suficiente para seguir sobreviviendo: Una mirada de Najwa en las Noches del Pemán. El desayuno en una terraza de la Plaza de San Francisco. El atlántico bajo el sol de Andalucía desde la Torre norte de la catedral. Una gaviota volando el levante de la Caleta. Los pies hundidos en la arena mojada mientras la cometa tira con fuerza. Un descanso a la sombra del balneario. Una cerveza bien fría, unas gambitas al ajillo, unas tortillitas de camarones y una caballa con piriñaca en La Viña. El feliz abrazo por sorpresa de un hada en el Pópulo. Un paseo entre las casas encaladas de Carmona. Un almuerzo frente a la Vega. Un café helado en el Alcázar del Rey Don Pedro. La penúltima de Canasta entre la verborrea de Bárbara, los juegos de Dana y las babas de su recién estrenada preocupada mamá. Todos los días ocurren milagros. Pero a veces, o no querem...

A estas horas...

Ya ha pasado la tarde de domingo. Son raras las tardes de domingo, sobre todo si son de resaca. Dan que pensar a los que tenemos la suerte de pasarlas ociosos de vez en cuando. Ahora son las diez y media aquí en Sevilla. En Ramala es una hora más tarde. Deben ser las cinco y media de la tarde en Buenos Aires. Y en Sydney acabará de despuntar el alba. Hay luna llena. En el invierno argentino habrá a estas horas mucha gente tomando mate en los parques buscando un rayo de sol que les conforte. Las cafeteras estarán humeando en Australia antes de ir a trabajar. En las camas palestinas se dormirá como casi siempre con intranquilidad. Y aquí los 33ºC son lo que no nos deja dormir. A mí hoy me preocupa poco lo que suceda mañana. Lo más probable es que todo transcurra con normalidad. Me levantaré tarde, o no, desayunaré, regaré las plantas, haré alguna gestión, arreglaré un poco la casa, haré la comida... en fin, lo de todos los días en que no hay que currar. A Garib esta noche de insomnio ya...

¿Musa?

Hoy me acompaña sólo la musa raña.

Ecos.

Ecos de un grito casi olvidado que sigue rebotando en las paredes de una habitación cerrada. Ecos que, tras el descuido que resquebraja los muros, escapan expandiéndose por la casa. Ecos que con cada golpe se debilitan gimiendo contra la muerte cierta que les espera en el vacío intermedio. Ecos que hacen vibrar el cristal de las ventanas mal cerradas. Ecos de fantasías conformistas, de complacientes ilusiones , de alegrías infinitesimales, de orgullos pisoteados , de locuras adolescentes , de esperanzados perdones, de consentidas insensateces, de maletas de plástico negro , de estúpidos remordimientos , de tatuajes en las entrañas , de falsas convicciones, de devastadoras derrotas, de efímeras reconquistas, de batallas ganadas, de guerras perdidas... Ecos que al fin y al cabo no son más que ecos, ecos, ecos ...

Escote.

Lo divertido del es cote es , precisamente, que no es , ni siquiera cote. es transparente.

Vientre. Vértigo.

Vientre. Vértigo. Nunca vi tan claramente como anoche lo hice con mis manos. Las formas desbordaron todo equilibrio posible. Acercarse a la vida, inevitable paso atrás y… vértigo. El centro del universo en mi mano. La fuente en mi mano. El sol padre hecho madre bajo mi mano. Te quiero no decir que te quiero. Esta muerte parece pasión. Ese abismo parece ombligo. Si la vida fuera tu vientre quién muriera a este estar nacido, ¿para nacer otra vez?

Libres dos males da nosa ialma...

Veamos: Sevilla, Rias Baixas, Tierra de Cádiz, salmón, tabulé, tiramisú, tabaco brasileño, queimada con su conjuro, el sonido del agua, la brisa nocturna, estrellas, luna, Nube, Roberto, Loli, Afú y un servidor... Joder, qué noche. ¿Alguien da más? ¡Os quieroooooooo! Jajajaja. Mouchos, coruxas, sapos e bruxas. Demos, trasnos e dianhos, espritos das nevoadas veigas. Corvos, pintigas e meigas, feitizos das mencinheiras. Pobres canhotas furadas, fogar dos vermes e alimanhas. Lume das Santas Companhas, mal de ollo, negros meigallos, cheiro dos mortos, tronos e raios. Oubeo do can, pregon da morte, foucinho do satiro e pe do coello. Pecadora lingua da mala muller casada cun home vello. Averno de Satan e Belcebu, lume dos cadavres ardentes, corpos mutilados dos indecentes, peidos dos infernales cus, muxido da mar embravescida. Barriga inutil da muller solteira, falar dos gatos que andan a xaneira, guedella porra da cabra mal parida. Con este fol levantarei as chamas deste lume que asemell...