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Tocan a muerto.

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Las campanas tocan a muerto. Las nubes pasan despacio bajo el cielo azul de las once de la mañana. El viejo reloj, parado, observa desde la torre de la colegiata. Me asalta un recuerdo inventado de mi padre a sus cinco años correteando por la plaza en un domingo de fiesta. O me recuerdo a mí mismo. Y pienso en lo extraordinario del error que es la vida. Lo natural es no estar. Nos pasamos media eternidad sin existir, y muertos la otra mitad. Y en medio la anécdota de una vida casual. Siempre, claro, que alguien nos piense inexistentes, vivos, o muertos. Nos entristece la pérdida de anecdóticos seres amados, pero lo único que hacen, y que nosotros, anecdóticos, también haremos, es volver al estado natural del que partimos. Deberíamos entonces alegrarnos de haber coincidido en este momento de la eternidad con esas otras anécdotas que nos han hecho sentir relevantes aquí y ahora, y disfrutar de este instante regalado de existencia. Las campanas, como un despertador inoportuno, nos abre...

No somos iguales.

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Queda confirmado. Las mujeres no son iguales que los hombres. El Tribunal Constitucional ha mandado hoy a tomar por culo el artículo 14 de la Constitución Española avalando un mayor castigo penal para los hombres que para las mujeres por un mismo hecho y, por tanto, ya no todos los españoles somos iguales ante la ley; a los hombres se nos discrimina abiertamente por razón de sexo. ¿Igualdad? Felicidades a los valientes. ¿A quién van a creer?

Camino verde.

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Siete menos cuarto de la mañana. Play. De la cama naranja al duro asfalto gris. Obertura a ritmo de pedaleo tranquilo pero alegre. Un pequeño rodeo. Me gusta pasar por delante de la terraza de mamá. Recorro el viejo paseo en el que de niño las bicis eran naves de Galáctica. Sorteo el primer atasco. La dulce voz de Las Flores Azules blanquea el negro rugir del autobús rojo. Delafé canta mi viaje hacia la rutina como si estuviese sentado en la barra. Los latidos de Facto animan los pedales. Poesía de lo cotidiano. Relleno por unos segundos cada vacío que me encuentro entre las peceras con ruedas de las que hoy reniego. Peceras con un sólo pez detrás del cristal. Luces rojas, blancas, amarillas, verdes... Y el sol. De frente. Tata Inti nos saluda. Y por fin el camino verde rumbo este. Éste que soy yo. Frío por fuera. Sudando por dentro. Un oasis intenta volar en el barrio de los ricos. El coche celeste de mi vieja amiga aparcado donde siempre. Lo cruzo sin pena y con gloria. E...

¿Igualdad?

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Voy a empezar por recordaros hoy un par de artículos de la Constitución Española de 1978: Artículo 9.2. Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social. Artículo 14. Los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. Está claro, ¿no? Pues ocurre que esta mañana me levanto y leo una noticia sobre un tema que me inquieta y que, para mí, es consecuencia de un desliz tanto de nuestro actual gobierno como, en algún caso, del anterior del PP. Al parecer, según publica hoy El País, el Tribunal Constitucional avalará el mayor castigo penal a los hombre...

La última mañana.

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Las disputas políticas y los reconocimientos internacionales no le servían para sentirse vivo. Todo ese prestigio que a lo largo de los años consiguió gracias a su trabajo, tanto sobre el papel como a los mandos de tantos aviones, le ayudarían a conseguir lo que su edad y su delicada salud le hacían cada vez más difícil. Necesitaba volar, necesitaba participar. A sus cuarenta y tres años trabajaba rodeado de jóvenes que no llegaban a los veinticinco. El grupo II/33 debía ser un hervidero de testosterona aquel verano de 1944. El briefing había terminado y los aviones estaban listos para despegar. Ésta sería la última misión tras otras ocho ese mismo año. Sus superiores ya lo habían decidido. Al día siguiente le informarían del inminente desembarco de las tropas aliadas al sur de Francia. La prohibición de volar a los pilotos en posesión de este secreto era una medida de seguridad en caso de que fuesen hechos prisioneros y, en este caso, la mejor baza para retirarle. A primera hora d...

Habitación con vistas.

El pasaporte descansa viejo y cortado sobre el montón de caducados carnets de identidad, de vuelo, de biblioteca y de no sé cuántas estrictas instituciones pasadas. Los libros de la universidad duermen acumulando polvo mientras esperan alguna consulta que nunca llega y recuerdan a quien los mira más de uno y de dos desengaños forjados en las aulas y cafeterías de la Hispalense. Decenas de asignaturas, supuestamente no pendientes, recostadas unas sobre las otras. Curiosamente, husmeando hoy entre legajos, después de tres mudanzas, y para mi regocijo particular, aparece el cuaderno de campo de aquellas prácticas que, fíjate tú por dónde, resultó no haberse perdido en el caótico despacho de Don Manuel. Con la de veces que se lo eché en cara y le puse verde por aquello. Entre bibliografías y notas de campo aparece una carta a Marta en la que analizaba la convulsa situación de su quebradiza Argentina, le hacía algún guiño, y le contaba sobre mi inexperta vida sentimental. Algunas líneas al ...

Mil gotas.

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Mil pequeñas gotas de rocío no llaman la atención de casi ninguna de las millones de personas que cada mañana vamos corriendo como locas al encuentro de nuestras rutinas diarias pensando en vete tú a saber qué millones de penas o alegrías. Mil gotas de rocío pueden no parecer muchas si tenemos en cuenta todas las que caben en una sola hoja. Pero yo estoy contento porque desde hoy ya son más de mil las gotas que alimentan a esta planta que sigue creciendo cada día un poco más. Gotas pasajeras, recurrentes, imprescindibles, pequeñas, enormes, curiosas, perdidas, cercanas, extrañas, amigas, gotas, gotas, gotas... Gracias por vuestras mil visitas ...

Asesino Israel...

Tengo la repugnante sensación de que el estado de Israel está disfrutando como un psicópata asesino nazi aplastando al pueblo palestino. Se ve que no es que olvidaran el holocausto, sino que se quedaron muy bien con la copla y aprendieron al detalle cómo tenía que ser un buen campo de concentración, porque ahora han convertido a toda Palestina, ensañándose estos días con especial esmero en Gaza, en el mayor campo de concentración que jamás haya existido. No me importa en absoluto la historia anterior, ni las religiones, ni el terrorismo, ni las excusas que puedan poner unos u otros; lo que hoy sabe todo el mundo es que Israel está asesinando a población civil sin reparar en ninguna cuestión humanitaria. Nada, absolutamente nada, justifica la matanza a sangre fría no sólo de terroristas, sino de niños que juegan en la puerta de su casa o de ancianos para los que ya no hay medicamentos. La gente no puede ir al trabajo, al médico, al colegio, a comprar comida, encender la luz o simp...

¿Dónde están los niños?

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Esta mañana pretendía levantarme temprano cuando me despertaran los cohetes que seguro iban a sonar para avisar a los niños del barrio de que los Reyes Magos ya se volvían a sus casas tras dejarles los regalos. Para mi sorpresa no me despertó ningún cohete, ni ninguna banda de música, ni siquiera, y eso es lo que más me extrañó, ningún grito de ningún niño jugando en la calle con sus juguetes nuevos. El caso es que me levanté y comprobé que era un día algo gris, y que las calles estaban desiertas. Eran casi las nueve y media de la mañana. Yo, como ahora vivo solo, y los reyes sólo sabían la dirección de mis padres, que son magos pero no pueden estar en todo, pues no encontré ningún regalo en el salón. El caso es que me puse a desayunar en el mismo silencio con el que me levanté, ya un poco preocupado con eso de no escuchar a nadie por ninguna parte. Mientras tanto vi en las noticias el resumen de la llegada de sus majestades a las distintas ciudades, que a pesar de algún que otro c...

Felicidades a los valientes.

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Parece que vamos perdiendo la vergüenza. Los hombres se animan a denunciar. Según una noticia publicada hoy en el diario 20 minutos " crecen cuatro veces más las denuncias por maltrato de ellos que las de ellas ". Y es evidente que las mujeres no maltratan cuatro veces más que hace un año, ni que hace veinte, sino que por suerte los hombres son más valientes y menos machistas que hace un año y que hace veinte. Lo digo porque un machista nunca reconocería que su mujer le maltrata. Los hombres tienen que aprender que el hecho de que su compañera sea una maltratadora no les hace a ellos menos hombres, sino a ellas peores personas y peores mujeres. Qué cutre queda un hombre al que pega una mujer, qué cutre queda un hombre al que una mujer machaca continuamente, ¿no? A ver quién es el guapo que se atreve a abrir la boca. Porque además ésa es otra; si no denunciamos el maltrato físico, del psicológico ya ni hablar. De todas formas m e siguen pareciendo pocos los hombres que ...